Lecciones postsoviéticas

para un siglo postamericano

 

Dmitry Orlov 2005

Traducción Nobody, Chungalin y G. Tobar

 

También accesible en formato Word, 40 páginas, aquí (160 KB)

 

 

Introducción

 

Hace una década y media el mundo pasó de ser bipolar a unipolar debido a que uno de los polos se derrumbó: la URSS dejó de existir. EEUU, el otro polo simétrico [NdT. en inglés US de United States frente a SU de Soviet Union], no ha caído; no aún, pero hay nubarrones oscuros en el horizonte. El colapso de los Estados Unidos parece hoy tan improbable como el de la Unión Soviética lo parecía en 1985. La experiencia del primer colapso puede ser muy instructiva para aquellos que desean sobrevivir al segundo.

 

Nadie razonable argumentaría que las dos superpotencias fueran exactamente simétricas: aun con similitudes significativas, tenían igualmente diferencias notables y todas son valiosas para predecir cómo la segunda mitad de la gigantesca superpotencia de pies de barro, que una vez dominó el planeta, afrontará su destino cuando se desintegre.

 

He querido escribir este artículo desde hace casi una década. Hasta hace poco, sin embargo, poca gente se lo ha tomado en serio. Después de todo, ¿quién habría dudado de que la potencia económica más importante del mundo que es los Estados Unidos, habiendo ganado recientemente la Guerra Fría y la Guerra del Golfo, pudiera continuar, triunfante, hacia un brillante futuro de superautopistas, reactores supersónicos y colonias interplanetarias?

 

Pero más recientemente el número de escépticos ha comenzado a aumentar firmemente. EEUU es dependiente, hasta la desesperación, de la disponibilidad de petróleo y gas natural barato y abundante y es adicto al crecimiento económico. Una vez que el petróleo y el gas se vuelvan caros (tal como lo están haciendo) y en un contexto de suministro cada vez más escaso (cuestión de uno o dos años como mucho), el crecimiento económico se detendrá y la economía de los EEUU colapsará.

 

Puede que muchos todavía se mofen de tan lúgubre prólogo, pero este artículo debería encontrar unos cuantos lectores de todas formas. En octubre de 2004, cuando comencé a trabajar en él, una búsqueda en Internet de «cénit del petróleo» y «colapso económico» [NdT. búsqueda en inglés] devolvía unos 16.300 documentos; para abril de 2005 ese número ascendió a 4.220.000. Este es un cambio radical en la opinión pública, pues lo que se conoce del asunto ahora es más o menos lo que se sabía hace una década, cuando sólo había una única página en Internet dedicada al tema, dieoff.org de Jay Hanson. Esta marea de cambio en la opinión pública no se restringe sólo a Internet, sino que es visible en la prensa corriente y en la especializada. Así, la falta de atención prestada al tema durante décadas no fue resultado de la ignorancia sino de la negación: aunque la teoría básica que se usa para modelar y predecir el declive del recurso se ha comprendido bien desde los ‘60, la mayoría de la gente prefiere seguir negando el hecho.

 

 

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