Lecciones
postsoviéticas
para un
siglo postamericano
Dmitry Orlov 2005
Traducción Nobody,
Chungalin y G. Tobar
Consejo de inversiones
La gente
a menudo viene y me dice: «Oí que la economía de los EEUU pronto va a colapsar,
¿qué consejos de inversión me puedes dar, para que pueda ajustar mi cartera?»
Bueno, no soy un analista profesional de inversiones, así que no arriesgo nada
dando algunos consejos.
La
amenaza nuclear dio origen al arquetipo de superviviente americano, enclavado
en las colinas, con un refugio antinuclear, una ingente cantidad de latas de
conserva, un arsenal de armas y abundante munición para combatir contra idiotas
similares de las colinas adyacentes; y por
supuesto una bandera americana. Esta clase de supervivencia es lo mismo que
enterrarse vivo, supongo.
La idea
del almacenar no es del todo mala. Almacenar comida es, por supuesto, una idea
podrida, literalmente. Pero merece la pena tener en consideración ciertos
objetos manufacturados. Supongamos que tienes un plan de jubilación o un fondo de
inversión. Supongamos también que sabes a ciencia cierta que se habrá esfumado
para cuando decidas retirarte. Y pongamos que te das cuenta de que ahora puedes
comprar muchas cosas que pueden guardarse largo tiempo y que será necesarias y
valiosas en un futuro lejano. Y aun más, supongamos que tienes algo de espacio
de almacenaje, unas decenas de metros cuadrados. ¿Qué vas a hacer pues? ¿Sentarte
y ver cómo se evaporan tus ahorros? ¿O sacar lo ahorrado e invertir en cosas
que no sean humo?
Cuando
los cajeros automáticos se queden sin dinero, la pantalla de los valores
bursátiles se apague y la cadena de venta al por menor se rompa, la gente
seguirá teniendo necesidades básicas. Habrá mercados callejeros para cubrir
estas necesidades, donde se usará cualquier medio de intercambio disponible:
fajos de billetes de 100, eslabones de una cadena de oro, paquetes de
cigarrillos o lo que tengas. No es una mala idea acumular un poco de aquello que
puedas necesitar, pero deberías invertir en lo que puedas intercambiar por
cosas que necesites. Piensa en los productos de consumo que requieran alta
tecnología para su fabricación y que duran mucho. Aquí hay algunas sugerencias
para empezar: condones, cuchillas de afeitar y medicinas (con o sin
prescripción). Las baterías recargables (y cargadores solares) seguro que se
convierten en un bien preciado (las de Ni-MH son las menos tóxicas). Cosas del
baño, como un buen jabón, serán artículos de lujo. Llena algunos contenedores,
empaquétalos al vacío con nitrógeno para que nada se oxiden o pudran y
guárdalos en alguna parte.
Tras el
colapso soviético, aparecieron rápidamente mercaderes itinerantes que daban
acceso a la gente a productos importados. Para proveerse de bienes, esta gente
tenía que viajar al extranjero, a Polonia, China y Turquía, en tren, llevando y
trayendo mercancía en su equipaje. Intercambiaban una maleta de relojes rusos
por otra maleta de productos de consumo más útiles, como champú o maquinillas
de afeitar. Tenían que untar a los agentes de aduanas a lo largo de la ruta y a
menudo les atracaban. Hubo un periodo en el que esta gente, llamada chelnoki, que es la palabra rusa para «puente»
[NdT. En el original «shuttle», que es un
servicio de transporte entre dos puntos], era la única fuente de productos
de consumo. Los productos eran a menudo descartes de fábrica, estaban dañados o
caducados, pero esto no los hacía menos valiosos. Partiendo de este ejemplo, es
posible predecir qué objetos tendrán mucha demanda y almacenarlos antes de
tiempo, como colchón ante el colapso económico. Nótese que los chelnoki disponían de economías intactas
con las que comerciar, accesibles por tren, mientras que esto no estaría garantizado
en el caso de los EEUU.
Un
almacén de esta clase, en un lugar accesible a pie, socialmente estable, donde
conozcas a todo el mundo y tengas buenos amigos y algunos parientes, donde
tengas casa y alguna tierra sin hipotecar donde cultivar la mayoría de tu
comida, te debería permitir sobrevivir al colapso económico sin demasiados
problemas. Y quien sabe, quizás encuentres la felicidad ahí.
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